viernes, 10 de julio de 2015

 
 
 
 
 
 
DON ANACLETO

Vida y milagro de una historia que no te dejará indiferente.

Don Anacleto era muy anciano cuando murió su esposa.

Eran uno de esos matrimonios especiales,
que te fascina por su compenetración, por
la lucha diaria por la vida y el bien estar de los suyos.

Su esposa,
durante largos años había trabajado con ahínco,
para sacar adelante a su familia.

Su mayor deseo era ver a sus dos hijos
convertidos en unos hombres de bien.
Respetados por los de más,
para que eso fuera posible, dedico su vida y
su escasa fortuna a ese menester.
Se esforzaron más en la educación y
preparación de Prospero.
Era el mayor, el heredero universal,
estaba llamado a llevar el peso y
la responsabilidad de la familia

¡¡ El otro hijo... ¡¡ Tardío !!

Se le dio lo indispensable
para que tuviera una vida cómoda,
pero no tenía el compromiso de cuidar de los padres.
Era Prospero el que tenía el compromiso de
ayudar en caso de necesidad.

Don Anacleto, al llegar a los noventa años,
un día al levantarse,
se dio cuenta que se...,
encontraba sin fuerzas, sin esperanza,
miró una y otra vez sus manos, estaban vacias.

Después de morir su esposa...
Sólo le quedaban los recuerdos y mucha soledad.

¡¡ Pensó en sus hijos !!
Especialmente en Prospero.

Los dos eran brillantes profesionales.
Por lo pactado y
la educación que le habían dado
a Prospero, don Anacleto
estaba esperando que este 
le ofreciera su apoyo y comprensión.

Don Anacleto esperaba,
pero veía pasar los días
sin que sus hijos aparecieran.

Decidió por primera vez en su vida,
pedir un favor a su hijo favorito,
el cual había sido educado
convenientemente para ello.

Una mañana, se armó de valor,
se encaminó al domicilio
de su bien amado hijo Prospero.

Don Anacleto tocó a la puerta
donde vivía con fu familia.

- ¡¡ Hola Papá !!
  • ¡¡ Qué milagro que vienes por aquí !!

  • - Ya sabes que no me gusta molestaros,
    pero me siento muy sólo,
  • no me quedan fuerzas,
  •   estoy muy  cansado y viejo.

  • Pues a nosotros, nos da mucho gusto
    que vengas a visitarnos,
    ya sabes que nuestra casa es tu casa.

  • Gracias hijo,
    sabía que podría contar con vosotros,
    pero temía ser un estorbo.

  • ¿ Un estorbo... ?

  • - No os molestaría si decidiera...,
    quedarme a vivir con vosotros.

  • ¿ Quedarte a vivir ?, si...,claro...,
    pero, no se si estarías a gusto.
    Tú sabes..., la casa es pequeña,
    mi esposa es muy especial...,
    luego los niños.

  • - Perdona hijo,
    si te causo muchas molestias...,
    olvídalo, no te preocupes por mí,
    otro me dará la ayuda
    que tú no puedes darme.

  • No Padre, no es eso,
    sólo es que...,
    no se me ocurre donde podrías dormir.
    No puedo sacar a nadie de su habitación,
    mis hijos no me lo perdonarían..,
    al no ser...,
    ¿ que no te moleste dormir en el porche ?

  • ¿ Dormir en el porche ? Esta bien.

El hijo de Don Anacleto llamó a su hijo
Capricho de 17 años.

  • Dime papá.

  • Mira hijo,
    tu abuelo se queda a vivir con nosotros,
    tráele una manta para que se cubra en la noche.

  • Si, con mucho gusto papa..., ¿donde va a dormir?

  • En el porche,
    no quiere que nos incomodemos por su culpa.

Capricho subió a por la manta,
tomó una tijera y la cortó en dos mitades.

En ese momento llegó su padre.

¿ Qué haces Capricho... ?
¿ Por qué cortas la manta de tu abuelo?

  • Sabes Papá,
    estaba pensando...

  • ¿Pensando qué ?

En guardas la mitad para cuando tú seas viejo.

¿ No se ?

- ¿ Qué no sabes ?
- Que puedas decidar venirte a vivir a mi casa.


PUBLICADO EL 9 DE JULIO, 2015.
Manuel Maldonado Martín.
DERECHOS DE AUTOR RESERVADO.

Os saluda mis tres. M. M. M.

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